Javier Milei está volviendo a una de sus facetas más auténticas, eligiendo luchar por la reelección utilizando las estrategias que lo llevaron al poder en primer lugar, enfrentándose a un sistema en crisis. Si se encuentra con enojo, responderá de la misma manera.
Esta semana, dedicó casi cinco horas a discutir con sus ministros y legisladores sobre cómo debe actuar el Gobierno ante la disminución de la confianza pública en el programa económico, algo que reflejan muchas encuestas recientes.
La empatía, según Milei, representa una trampa del adversario. En una reunión de Gabinete, fomentó un debate sobre los problemas de morosidad bancaria y el estancamiento económico. Para él, mostrar comprensión a quienes sufren bajo el ajuste significaría “entregar la trinchera de los resultados económicos”. Su enfoque no distingue entre reconocer un problema y aceptar una crisis.
“Esto es la guerra. Enfrente están los orcos. El kirchnerismo, si te ve débil, te pasa por arriba”, manifestó a sus ministros, de acuerdo con los relatos de dos asistentes. También instó a diputados y senadores con frases similares: “Los tenemos que hacer mierda; es el único lenguaje que entienden”, recordó uno de los participantes en la reunión convocada antes de una sesión en la que el oficialismo logró importantes avances legislativos.
Milei combina su carácter desafiante y fuerte ideología con astucia política. Su agresividad frecuentemente refleja una necesidad. Busca mantener movilizado a su núcleo de apoyo y convencer a aliados de que es capaz de cumplir con su compromiso de “morir con las botas puestas”. Este espíritu guerrero alimenta la polarización. A menudo menciona la amenaza del kirchnerismo, posicionándolo como un intento de “dar un golpe de Estado” y desmantelar los logros de los últimos tres años de austeridad.
En esta postura se esconde un temor no expresado que sus fieles discuten. ¿Qué pasaría si no se logra establecer esa polarización que resultó beneficiosa en la segunda vuelta de 2023 y en las elecciones legislativas de 2025? “Contra el kirchnerismo no podemos perder. Si aparece un candidato ajeno a la política, el riesgo será mayor”, sugiere un funcionario alineado con Milei.
Algunos aspirantes a una candidatura nacional, como Jorge Brito, Dante Gebel, Daniel Hadad o Carlos Melconian, perciben un espacio en el descontento hacia Milei, quienes, a su vez, temen un regreso de las formas más recientes del peronismo.
“El centro político siempre parece amplio el año anterior. Luego se reduce a un callejón estrecho y terminamos en una situación de competencia extrema”, reflexiona uno de los principales estrategas libertarios. Milei, en su rol más provocador, espera que esto ocurra. “No debemos sentir culpa por la narrativa que sostienen nuestros adversarios. La economía está en crecimiento, la inflación disminuye, y tenemos récord en reservas y exportaciones. No permitamos que nos presionen alegando sufrimiento”, enfatiza esa fuente.
Milei reiteró esta postura ante estudiantes de la Escuela ORT, donde denunció “presiones para cambiar el curso y ser más flexibles”. Afirmó que no cedería “a los cantos de sirena”, y en un intento de motivar a los adolescentes, les sugirió abuchear a los periodistas, prometiendo celebrar ese gesto.
Cuidado con las ironías
El asesor Santiago Caputo, en un momento complicado, es citado diciendo que la mayor inspiración de Milei es Mauricio Macri: “Ante la duda, siempre hay que hacer lo opuesto a lo que él hizo”.
Milei culpa a Macri por haber cedido ante el peronismo sin defender con firmeza el rumbo liberal. Este sentimiento es reforzado por testimonios de exfuncionarios de aquella administración que ahora apoyan a Milei. Curiosamente, Macri fue contactado por Karina Milei a principios de este mes para intentar restablecer relaciones y formar un frente no kirchnerista de cara a las elecciones.
“No se dejen engañar. Nuestro plan es exitoso”, afirmó Milei a sus legisladores.
Algunos seguidores compartieron su esperanza de realizar un nuevo evento similar al que tuvo lugar en el Movistar Arena durante la campaña anterior. Planea llevarlo a cabo cuando termine su libro, “La moral como política de Estado”.
Recientemente, necesitaba una victoria legislativa que mitigara la frustración provocada por el recorte del Senado al proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada”, lo que le obligó a ceder en su plan inicial de incrementar los niveles de inversión extranjera en tierras productivas.
La fragilidad de las alianzas libertarias es tal que un mal resultado podría desatar una serie de fracasos. Por eso, el equipo político de Karina Milei decidió actuar con precaución y gestionar cuidadosamente las negociaciones con gobernadores para asegurar un apoyo sólido en la votación sobre las propuestas clave pasadas en Diputados.
Aunque Milei se siente descontento con las críticas, su desagrado es incluso mayor por las contradicciones que observa en empresarios que aparentemente comparten su visión. Esto lo expresó en un discurso reciente ante el Council of the Americas, donde criticó a quienes se quejan de las desregulaciones promovidas por el ministro Federico Sturzenegger, identificándolos como “soretes” en una reunión donde algunos presentes aplaudieron sus palabras.
Su incomodidad con el sector empresarial se intensificó junto con los altibajos en las encuestas. “Ahora muchos sugieren un Milei más moderado, como si eso fuera sencillo. No olvidemos que muchos de esos mismos querían que Massa ganara en 2023”, comenta un legislador que ha estado en contacto directo con el Presidente.
A quienes le aconsejan “tener cuidado con las formas”, Milei responde reiterando frases polémicas. Desestima los consejos de Guillermo Francos, su exjefe de gabinete, quien sugirió que “quizás el público ya esté un poco cansado de un Milei tan agresivo a veces” y que debería volver a actitudes más conciliadoras de campañas anteriores.
La comunicación oficial busca ir en dirección contraria, y Karina Milei ha dado más oportunidades a Santiago Oría, el camarógrafo que captura cada actividad pública del Presidente, quien aspira a reemplazar a Caputo en la dirección de redes sociales con su estilo directivo y combativo.
Aún queda trabajo por hacer. El Presidente hizo que su vocero Adrián Ravier se retractara tras anunciar que Oría asumiría las responsabilidades digitales de Caputo. Hay momentos en que los libertarios extrañan la audacia sin reparos de Manuel Adorni.
¿Sin un Plan B?
La firmeza en sus convicciones es un recurso que Milei busca fortalecer. Considera que su rol como líder es defender la narrativa. A Patricia Bullrich le respondió a sus preocupaciones sobre la necesidad de que los resultados económicos beneficien rápidamente a la mayoría de la población, afirmando que hay que rechazar la idea de un Plan B, incluso si ese puede ser el escenario inevitable.
El anuncio de Luis Caputo sobre un proyecto destinado a fomentar el crédito hipotecario a través del uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses ilustra la dualidad entre el discurso firme del Presidente y las iniciativas de sus ministros.
Caputo incluso hizo una referencia a la “justicia social”, un término que Milei ha criticado. Además, sugirió que el proyecto conllevaría un “efecto multiplicador” en la economía, algo que también sería visto como poco convencional desde una perspectiva libertaria.
El ministro parece haber evitado el descontento presidencial al solicitar que se inicien acciones legales contra los periodistas que difundan información considerada falsa por las autoridades. En este sentido, las dinámicas del liberalismo son variadas y a menudo inesperadas.
El proyecto hipotecario tiene un alcance limitado, beneficiando solo a unas 15,000 familias, pero su significado es simbólico, buscando mostrar iniciativa, especialmente hacia los jóvenes, un grupo donde el apoyo hacia Milei ha sido notable y que según muchos encuestadores muestra señales de decepción.
Hay una urgencia por noticias positivas. Milei y sus ministros celebraron con entusiasmo un aumento del 6% en el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. “Dato mata encuesta”, publicó Caputo, aunque ese logro se basó en una encuesta. Sin embargo, el Índice de Confianza del Consumidor de la misma fuente había registrado una caída en el mismo mes, lo que llevó a un silencio oficial.
La reacción del Presidente ante los éxitos legislativos fue mucho más efusiva, mostrando una sólida alianza antikirchnerista en Diputados, lo que representa un buen resultado para exhibir ante los mercados. A pesar de esto, el peronismo ha intentado forjar una mayoría que permita discutir sus propias propuestas en el corto plazo, lo que mantiene un ambiente de incertidumbre.
El Gobierno tiene permiso para ejercer pragmatismo, siempre que no lo declare abiertamente. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, maneja cuidadosamente las negociaciones con los gobernadores aliados y supervisa los tiempos y planes de contingencia asociados a las desregulaciones promovidas por Sturzenegger, que a Milei le resultan muy satisfactorias.
Esta semana, el Presidente obsequió a quienes lo visitaron en la Casa Rosada un ejemplar de “La economía en una lección” del economista libertario Henry Hazlitt. Este texto presenta un argumento fuerte contra la intervención estatal. Uno de sus ejes principales es la falacia de la ventana rota, que ilustra cómo la percepción de beneficios inmediatos puede ocultar los costos subyacentes que afectan a la colectividad.
¿Cómo se justifican, entonces, los créditos propuestos por Caputo que utilizan fondos de jubilados? “El poder tiene restricciones”, dirá Milei. Esta misma lógica podría permitirle, en el futuro próximo, presentar medidas para ayudar a los deudores que enfrentan problemas, a quienes por el momento califica de compradores impulsivos de televisores grandes.
