La controversia arbitral que ha rodeado al fútbol argentino en los últimos años se puede analizar desde un enfoque alternativo que a menudo se pasa por alto: la dinámica interna del sindicato. La representación de los árbitros es otra de las raíces del conflicto.
Un punto relevante y controvertido es que Federico Beligoy, secretario general de la Asociación Argentina de Árbitros, tiene roles duales al gestionar también el referato argentino. Esto lo convierte en empleador y representante de sus propios afiliados. Si un árbitro quisiera denunciar presiones de la AFA a favor de un equipo, tendría que dirigirse a él mismo.
En junio de 2023, se evidenció esta doble función. Diego Abal fue apartado tras un grave error en el partido Gimnasia La Plata-Sarmiento, donde un supuesto offside fue incorrectamente señalizado, lo que llevó a anular un gol legítimo del equipo platense. Afiliado a la AAA, Abal criticó a Beligoy por sancionarlo desde su posición en la AFA y no haberle brindado apoyo desde el sindicato.
En la misma línea, no es el único caso de conflicto entre la AFA y el sindicato: Sergio Zoratti, vicedirector de la Dirección Nacional de Arbitraje, es tesorero de la AAA, mientras que Alejo Castany, encargado del plantel arbitral juvenil, ocupa el cargo de secretario adjunto del gremio.
Beligoy asumió el cargo en 2013, sucediendo a Alejandro Toia durante la presidencia de Julio Grondona, y fue reelegido en 2019 con Claudio Tapia como presidente de la AFA. No obstante, su relación con Tapia se remonta a antes, cuando este lideraba Barracas Central y era miembro de la Mesa de la Primera B.
Germán Delfino fue uno de los pocos que intentó desafiar el poder de Beligoy. En 2019, buscó crear un frente opositor y competir en las elecciones del gremio junto con el exlínea Matías Beares, frente a la fórmula oficialista Zoratti-Castany. Sin embargo, finalmente decidió retirar su candidatura y Beligoy se presentó sin oposición. En esa elección votaron 234 afiliados: 229 a favor de él y cinco en blanco, en agosto del mismo año. A finales de ese año, Delfino dejó de ser árbitro internacional.
La Asociación Argentina de Árbitros, que incluye a Héctor Baldassi, Horacio Elizondo y Ángel Sánchez, es el sindicato más antiguo, fundado en 1965. El Sadra, que tuvo entre sus integrantes a Javier Castrilli, Néstor Pitana y Pablo Lunati, se estableció en 1987 gracias a Guillermo Marconi, quien todavía preside el sindicato.
Actualmente, la AAA opera como una extensión de la AFA, con Beligoy siendo una figura clave en ambas organizaciones. En contraste, el Sadra mantiene una postura opositora a Tapia, Toviggino y Beligoy, denunciando la marginación de los árbitros afiliados a su gremio. Un dato relevante es que ninguno de los 23 árbitros que arbitraron en Primera durante este año pertenece al Sadra.
A diferencia de la Asociación Argentina de Árbitros, que tiene personería gremial en la Capital Federal, el Sadra opera a nivel nacional y también agrupa a árbitros de otros deportes. Cuando Beligoy asumió, la AFA tenía una deuda de aproximadamente 4.000.000 pesos (unos 142.000 dólares de ese momento) con árbitros del Sadra del interior del país. Ante la falta de acuerdo, la relación se deterioró y el gremio entró en litigio con la AFA, con afirmaciones de que Tapia, Toviggino y Beligoy intentaron desplazarlo dentro de la estructura arbitral.
El Sadra, que contaba con cerca de 8.500 afiliados, perdió unos mil, incluyendo alrededor de 100 árbitros de la AFA. Desde el sindicato denuncian que algunos directores fueron presionados para abandonar el gremio bajo la amenaza de perder su capacidad de dirigir. Se resignaron 12 de los 24 miembros, lo que estuvo cerca de alcanzar la mayoría. Entre los que renunciaron se encontraban Facundo Tello, Darío Herrera, Luis Lobo Medina, Nazareno Arasa, Andrés Gariano, Fernando Espinoza, Andrés Merlos, Juan Pablo Pompei, Sergio Pezzotta, Jorge Baliño, Pablo Echavarría y Silvio Trucco. Algunos se separaron del gremio y otros, como Tello, se desafilió con el consentimiento de Marconi por el riesgo de ver afectadas sus carreras.
El histórico dirigente del Sadra considera que “el arbitraje está enfermo” y que esta situación “contaminó a toda una generación arbitral que, por ser parte o por silencio, degeneró el sistema”.
Existe también un tercer sindicato: la Unión de Árbitros Deportivos de Argentina (UADA), que agrupa a varios árbitros del interior. Fundada en 2023 con el apoyo de Pablo Toviggino, surge en un contexto de disputa con el Sadra, con el fin de promover una mayor diversidad sindical. El Ministerio de Trabajo la registró en agosto de ese año como “Asociación Gremial de primer grado”, aunque aún no posee personería gremial y actualmente cuenta con más de 200 afiliados.
Entre los árbitros internacionales, cinco pertenecen al gremio de Beligoy –Yael Falcón Pérez, Nicolás Ramírez, Leandro Rey Hilfer, Sebastián Martínez Beligoy y Sebastián Zunino– y otros cinco están en la UADA: Facundo Tello, Darío Herrera, Luis Lobo Medina, Nazareno Arasa y Andrés Gariano. Este equilibrio también se observa en el resto de los árbitros de Primera, donde se reporta un número igual de afiliados de ambas organizaciones.
Con sede en Rosario, la UADA tiene como secretario general a Sergio Pezzotta, mientras que Juan Pablo Pompei es el secretario adjunto. Andrés Merlos, Pablo Echavarría, Jorge Baliño, Fernando Espinoza y Silvio y Gisela Trucco forman parte de la comisión directiva.
Cuando la AFA anunció un paro en febrero de este año, alegando una persecución mediática y judicial contra Tapia y Toviggino, tanto la AAA como la UADA emitieron comunicados expresando su respaldo a esta medida.
Fernando Espinoza también está a cargo de la Asociación Civil Árbitros Mendocinos Asociados (ACAMA), cuyas árbitros dirigen en la liga local y que han llegado a participar en torneos de nivel Federal A. Además, en Mendoza, Andrés Merlos preside la Liga Alvearense y está vinculado a la Escuela de Formación Arbitral del Sur Mendocino. Anteriormente, fue presidente de la escuela de árbitros de General Alvear, pero fue destituido en 2024 debido a un rendimiento insatisfactorio, con una votación que terminó 22 a 2 para rescindir su contrato.
La dinámica interna del sindicato representa otro aspecto del problema, ayudando a entender la forma en que se articula el arbitraje argentino.
