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Lo Celso: la palabra sagrada de Messi, el don de Scaloni, y Emilia, la persona que cambió todo

Como estuvieron encerrados en una burbuja durante la pandemia, tres jugadores de la selección conocieron a sus hijos varios días después de sus nacimientos. Solo tras conquistar la Copa América 2021 en el Maracaná, ‘Dibu’ Martínez vio por primera vez a Ava, su segunda hija. Lo mismo le pasó a Rodrigo De Paul con Bautista, su primer varón, y a Lucas Martínez Quarta con Alba, su tercera hija. Giovani Lo Celso tenía muy presente esa extraña sensación y ahora se preparaba para vivirla en carne propia: Emilia iba a llegar en pleno Mundial de Qatar. Pero nada sucedió como estaba planeado. Una lesión de última hora le arrebató de un sopapo la Copa del Mundo. “Durante tres o cuatro días lo único que hacía era llorar en el baño. Pero la vida te da y te quita: me sacó el Mundial y me dio el nacimiento de mi hija”, resume. El 27 de noviembre de 2022 le cambió la vida para siempre a Gio, y a la selección también. Estaban separados, pero los dos se estremecieron al mismo tiempo.

En su casa de Valencia, frente al televisor, mamá Magui rompió bolsa en el preciso momento que Lionel Messi, en Doha, cambió el rumbo de la Argentina en el torneo con su gol a México. “Salimos de inmediato para el hospital, incluso el segundo gol, el de Enzo [Fernández] lo vimos desde el auto”, recuerda Gio. Vaya mágica conexión, que un par de horas más tarde Emilia estaba en brazos de sus padres. “A veces las lágrimas son de tristeza y otras veces son de emoción. Todo esto en muy poco tiempo. Bienvenida, hija”, escribía Giovani por entonces en sus redes sociales. Alivio, fascinación y felicidad, otra vez, en Valencia, en Doha y en las calles de la Argentina. Todo estaba conectado.

Emilia Lo Celso por el aire de Miami, la noche de la consagración de la selección de la Copa América 2024; Gio disfrutó de un título muy especial tras perderse el Mundial Instagram

-Al principio no habrás tenido consuelo. Hoy, ¿te acordás de un mensaje, un gesto o de alguien que entonces te haya marcado?

-No hubo algo puntual, o alguien. Fue todo, o fueron todos. Apoyos, aliento, gestos, de conocidos y de anónimos. Sería muy egoísta de mi parte quedarme con un recuerdo o una persona. Fueron todos los que me hicieron sentir pleno, los que me hicieron sentir que valía la pena seguir para adelante. En definitiva, yo sentí que había un país entero, en estas épocas de redes sociales, dándome fuerzas. Ya no eran solo mis compañeros de la selección, la familia o mis amigos, entonces todo ese cariño del pueblo argentino me ayudó para salir adelante.

Lo Celso está identificado con el ciclo Scaloni desde el kilómetro 0, desde el debut. Es más, ese día convirtió su primer gol en un amistoso contra Guatemala que abrió una ventana que teóricamente sería interina. Tan incondicional, con su paternidad de días viajó a Qatar. Llegó a Doha para la semifinal con Croacia, que se jugó el 13 de diciembre. Y no aterrizó para los cuartos de final, contra Países Bajos, el plan original, apenas por una demora con la visa. En la selección, siguió exactamente todas las rutinas: desde la vestimenta y los horarios de las comidas, hasta su rehabilitación del desprendimiento del bíceps femoral de la pierna derecha que le robó el Mundial. Dormía solo porque las habitaciones ya habían sido distribuidas. En el estadio, compartía el vestuario como un jugador del plantel hasta último momento, luego se ubicaba en la tribuna detrás del banco y al final, saltaba a la cancha.

Paseó con el grupo por Lusail en el colectivo descapotable, se sacó fotos con el trofeo y hasta con una medalla prestada. Y cuando en marzo de 2023 la Argentina festejó el título en el país, frente a Panamá y Curazao, entró con Emilia y con la copa en brazos. Y volvió a jugar con sus amigos… los campeones del mundo. Como uno más.

-Tu pertenencia con el ciclo es total. Tanto, que en la percepción de mucha gente vos sos campeón mundial…

-… Puede ser, y yo lo agradezco y me llena de orgullo. Cuando los chicos salieron con una bandera de apoyo en su último amistoso previo al Mundial y cuando me abrieron las puertas de la burbuja de Qatar… Uhhhh, esos gestos fueron muy lindos y los agradeceré siempre. Después, yo sé que no estoy dentro de la lista de los 26 campeones del mundo, pero me quedo con todos estos gestos. Me gusta pensar que algo habré hecho bien para que hayan decidido regalarme todos esos momentos.

-Y cada vez que se recuerde el gol de Messi a México, habrá que tener presente que Emilia ese día estará celebrando otro cumpleaños…

-Es una motivación más para festejar los 27 de noviembre, ¿no? El día del gol de Leo que cambió el curso del Mundial y el cumple de Emilia… Podríamos decir que su llegada fue como un guiño también, ja, ja, ja. Emilia es una niña muy feliz, con mucha alegría, está siempre con una sonrisa, te contagia energía… ¡Qué te puedo decir, es mi hija!

-Mirá cuando le cuentes toda la historia, cuando se vea en las fotos con su padre, la copa y los campeones del mundo.

-Un poco ya va entendiendo, siempre va a la cancha y le gusta, distingue cuando es con el club y cuando con la selección… Va conociendo y en unos años terminará de entender todo. Con todo el cariño que le han demostrado en la selección, digamos que todos los chicos del plantel podrían ser sus padrinos, ¿no? Ja, ja.

Messi, Otamendi, Paredes, De Paul, Dybala y Di María tienen un trofeo en sus manos, salvo Gio, que luce dos: la Copa del Mundo y su hija EmiliaAFA

-Desde el folklore de las cábalas fue arriesgado ir al Mundial para la etapa decisiva…

-Jajaja, sí. Los pibes son jodones y me lo decían, pero nada podía superar la alegría de reencontrarnos. Fue único eso, claro que valió la pena ir. Nunca pensé que podía salir mal. Me fui de casa cuando Emilia apenas tenía días, pero mi mujer [Magui Alcacer] también quería que fuera a Qatar. Ella estaba muy bien acompañada por toda nuestra familia y pude disfrutar, de alguna manera, de estar en el Mundial.

Le dicen ‘Mono’, desde siempre. El apodo se lo puso Juan, su padre, cuando era muy chiquito. “No por travieso –se defiende-, pero sí era muy inquieto… cuentan, jaja”, explica Gio. Empezó a jugar al fútbol de salón en el club Regatas, pegado al Gigante de Arroyito, y fútbol de campo en el colegio San José. Pasó por las categorías pre-décima y 10ma en la escuela de Griffa y con edad de 9na división, a finales de 2010, hizo una prueba en Central y quedó, con ‘Coco’ Pascuttini como coordinador. A los 15 años lo tentó formalmente Everton, de Inglaterra, y a los 17 lo volvieron a buscar otros dos clubes de Europa. Pero solo a los 20 se marchó, a PSG. “Tuve la suerte de jugar en mi ciudad, en Rosario, y en mi club, Central, casi una rareza, no muchos tienen esa suerte. A mí me pudieron ir a ver jugar en Primera mis amigos, sin viajar… ¿sabés qué lindo es eso? Yo no tuve que dejar mi pueblo, ni vivir en una pensión… Fui un afortunado. Demore bastante mi desarraigo”, analiza el ‘Mono’.

-París, Sevilla, Londres, Valencia y de nuevo Sevilla, según los saltos de tu carrera. A 10 años de la mudanza original desde Rosario, ahora te toca ser el anfitrión de otros argentinos, como Valentín Gómez que acaba de llegar a Betis.

-Ahora me toca a mí estar del otro lado, ya pasaron los años y soy de los grandes, digamos, y a Valentín lo recibimos muy bien. Ya estamos tomando mate, hablando de todo un poco, tratando de acercarle algunos consejos y, siempre a disposición para que se sienta tranquilo y contento para que vaya adaptándose. Para que domine la ansiedad. Para que la primera etapa y la adaptación se le haga mucho más fácil. Todos hemos tenido que pasar por esto.

-Rumbo a los 30 años, empezás a ser de los grandes de los planteles.

-Sí, ya estoy del lado de los que tienen experiencia después de nueve temporadas en Europa, yo vine muy chico… y ahora me toca transmitir experiencias y remarcarles algo que, para mí, es todo: que disfruten el camino. Porque el camino es todo, la carrera se pasa muy rápido. Y el camino es cada entrenamiento, cada concentración y cada partido.

-Hablando de edades… tus técnicos están en los extremos. En Betis te dirige Manuel Pellegrini, con sus 71, y en la selección, Scaloni con 47.

-Como los jugadores, cada entrenador es diferente. Cada uno tiene lo suyo. Manuel es un entrenador que te transmite mucha tranquilidad a la hora de entrar a la cancha, les da mucha libertad a los jugadores, te alienta para que te animes a hacer lo que mejor te sale… Para un hombre con tantos años de experiencia, que ha logrado tantas cosas y en diferentes ligas y países, su clave es saber gestionar el grupo. Y cuando un grupo está bien gestionado, cuando hay una buena atmósfera, si en la cancha se juntan buenos jugadores, ahí se consigue el combo ideal. Y Manuel sabe hacerlo. Nosotros estamos muy contentos con él y también se nota eso en el club, y en la gente. Llevamos varios años buenos en Betis y ojalá este sea aún mejor.

Con Lionel Scaloni (47 años) y Manuel Pellegrini (71), sus entrenadores casi en los extremos generacionalesGetty Images

-Dejaron la vara alta la temporada pasada con el sexto puesto en LaLiga y la final de la Conference League.

-La vara quedó muy alta del año pasado, pero este grupo, que es muy profesional, ya se juró que no se conformará con eso, con haber quedado a un paso de un título en Europa, por ejemplo, y esta temporada sabemos que debemos dar un pasito más.

-¿Qué tiene Betis para que muchos jugadores deseen volver, como sucedió con Pau López, con Junior Firpo, con Marc Bartra… con vos?

-Betis es un club muy pasional. Lo que se vive acá, se vive en muy pocos lugares, sus hinchas son muy futboleros y están muy encima. Betis tiene algo muy especial que me resulta difícil describirlo con palabras. Yo sabía, desde el momento en que me fui, en 2019, que tarde o temprano iba a volver. Y me imagino que esa sensación que yo tuve la deben compartir casi todos los jugadores. En un lugar que parece familia, te hacen sentir como en casa siempre y eso se disfruta mucho.

-Esta temporada no será una más: al final espera el Mundial.

-… Uno eso lo tiene en la cabeza, todos los jugadores que arrancan esta temporada saben que al final estará el Mundial, pero a la vez, todos sabemos también que en el medio habrá muchos partidos, entonces ahí el Mundial queda como algo muy lejano. Todos lo tenemos ahí, en un costadito, en la recámara, como me gusta decir a mí, pero antes, mejor, hay que pensar en entrenarse bien. Por eso, acá también insisto, lo importante es disfrutar el recorrido.

-Para qué proyectar, podrías responder, después de lo que te ocurrió en la antesala de Qatar.

-Sí, sí… pero ojo que todo pasa por algo, de eso estoy convencido, Por eso, mejor, disfrutar el camino, el recorrido. Los futbolistas profesionales estamos viviendo algo que soñamos desde muy chicos, entonces, en definitiva, estamos cumpliendo esos sueños todos los días. Vivimos de lo que nos gusta, somos privilegiados. Yo quería ser esto de chiquito, y hoy soy eso que soñé. ¿De qué me puedo quejar?

Gio suma 25 goles por todas las competiciones para Betis; ante la lesión de Isco, asumirá más responsabilidades en la conducción Betis

-¿Por qué creés que esta selección no pierde el ‘hambre’ competitivo?

-Es que el fútbol te lleva a eso, el fútbol te impide relajarte, el fútbol de hoy te empuja a ir por más. Y mucho más en la selección argentina, porque es lo que traemos los argentinos: nunca relajarse y siempre ir por más. Se lograron varios títulos en estos años, pero en todos ves el deseo de conseguir más copas, como si fuera el primer día que nos juntamos.

-¿Y de quién es el mérito? ¿De la conducción de Scaloni, del ejemplo de Messi…?

-El camino siempre lo marcan los más grandes, y ahí está Leo. Leo es la guía y el referente para nosotros. Vos lo ves entrenar, competir y jugar como si estuviera empezando su carrera y eso te lo contagia. Si vos lo ves a él así, es imposible no contagiarte, no dar el máximo, no querer seguir ganado. Él marca el camino y no hay más que seguirlo.

Zurdos, rosarinos, talentosos… la complicidad entre Leo y Gio fue inmediata desde que se encontraron en la selección en 2017Getty e Instagram

-En una entrevista con La Nacion en 2016, antes de conocerlo a Messi, nos dijiste: “Te llena los ojos, me saco el sombrero, es completísimo, uno puede aprender muchas cosas de él”. ¿Qué aprendiste?

-De esta clase de jugadores podés aprender un montón de cosas y de diferentes aspectos. Especialmente en lo humano, en el liderazgo. Escuchándolo hablar, ya aprendés. Al ser quién es, cuando habla te llega, te entra. Es imposible que te resulte indiferente lo que dice. Si recuerdo la charla previa a la final de la Copa América 2021 con Brasil, en el Maracaná, me largo a llorar de nuevo. Lo que dice Leo es palabra sagrada, pero desde todas sus vivencias, desde todas sus conquistas. Con él aprendés desde muchos aspectos. Viéndolo en la cancha también, claro, podés intentarlo, aunque después para hacer lo que él hace…

-En la final de la Copa América 2024, con Messi ya afuera por lesión, hiciste de él con la asistencia para el gol del título de Lautaro…

-Bueno… ves, ahí tenés un ejemplo, digamos. Si lo ves a Leo tan triste y amargado, cómo no vas a sacar ese plus para, en medio de su dolor, intentar darle una alegría y ganar esa final que ya no lo tenía en la cancha.

-Cómo cambió tu vínculo con la selección, ¿no? Empezaste con el Sub 23 que fue a los Juegos de Río 2016 y no pasó la primera rueda; después, vino el traumático Mundial de Rusia 2018.

-Sí, pero mirá que de los momentos malos yo también aprendí, y rescaté lo positivo. Yo pisé el predio de la AFA por primera vez para ir a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016, nunca pasé por las selecciones juveniles, no me había tocado nunca. Después, en 2017 debuté en la mayor, en 2018 ya fue el Mundial de Rusia y después arrancó la era Scaloni, que fue todo viento en popa. Pero el camino es así, hay momentos malos y otros buenos, y ese comienzo lo disfruté mucho también. Estar en unos Juegos Olímpicos fue un sueño, e ir a un Mundial también fue estar en un sueño. A pesar de que los resultados no acompañaron, yo no pierdo de vista que en ese momento, para mí, fueron acontecimientos muy importantes.

Argentina bicampeón de la Copa América 2024, en los Estados Unidos, con gol de Lautaro tras una asistencia de Lo CelsoAníbal Greco

-Eras titular en la antesala de Rusia 2018, pero Sampaoli no te puso ni un minuto. Qatar 2022 ya es historia. En 2026, ¿la tercera será la vencida?

-Falta mucho, tengo que dar lo mejor cada día, pero lo tengo en esa recámara emocional de la que hablaba antes. El deseo está ahí guardado, claro.

-Falta mucho… y por otro lado solo faltan diez meses. Y si Messi llego hasta acá, es imposible no imaginarlo en su sexto Mundial.

-Y… sí. Se lo ve muy contento, cada vez que va a la selección disfruta, y en su club también, más allá de esta lesión de ahora. Ojalá siga estando, siga aportando, porque es muchísimo lo que le da al país a través de la selección.

-¿Tocan el tema con él?

-Es tan personal… Uno tiene todas las ganas de que esté, porque lo piensa más como hincha y ya no solo como compañero. Pero son decisiones muy personales y él definirá lo que crea más conveniente. De algo estoy seguro: todo el mundo quiere que Leo juegue el Mundial y yo quiero creer que así va a ser.

A la distancia, por las aplicaciones, Lo Celso no se pierde detalles de Central y de su amigo Di María… con una compañera muy especial frente a la pantallaInstagram

“Hola Mono… soy Angelito”, escuchó a través del celular. Giovani Lo Celso estaba concentrado, quemando el tiempo cuando sonó el teléfono. Por primera vez iba a estar en el banco de Central en 2015 y la ansiedad del probable debut de repente quedó postergada por los nervios que le provocó esa comunicación. “Pensé que era una broma de un amigo…, pero le reconocí la voz y me empezó a temblar la mano…”, confiesa. “Era Di María, mi ídolo de toda la vida, que me deseaba suerte por si me tocaba entrar al día siguiente contra River”. El estreno llegó unas semanas más tarde contra Vélez.

-Ahora también te llama… ¡pero para que vuelvas!

-Sí, sí… ja, ja, ahora Angelito está cumpliendo ese sueño que tanto anhelaba: volver a Central, volver a ponerse la camiseta del club del que es hincha. Algo de lo que veníamos hablando hace años, entonces verlo en Central me pone muy feliz por todos lados: porque soy hincha de Central, porque fue mi ídolo desde siempre y porque somos amigos. Obviamente que uno siempre lo contempla… En Rosario tengo toda mi familia, todos mis amigos. Salí del club del cual soy hincha y hay que saber manejar y controlar bien los momentos.

-¿Estás siguiendo los partidos de Central?

-Claro, siempre. Veo todo, a la hora que sea, por las aplicaciones. No me pierdo nada. Le toca adaptarse, claro, sabemos que el fútbol argentino tiene sus particularidades, cómo se juega y todo lo que genera. Le pasará a Ángel y también a Lean [Paredes], hablo mucho con ellos, y solo espero que les vaya muy bien.

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-Y acá aparece otra clave de la selección: son como un grupo en un permanente viaje de egresados.

-Somos amigos. Y esto es fundamental, tenemos una relación de amistad muy fuerte. Compartimos muchas cosas durante muchos años, momentos muy buenos y momentos malos de cada uno, a nivel futbolístico, sí, pero especialmente en lo personal. Y eso te marca, nos marca como grupo. Estar en la selección sabemos que significa estar todos juntos por varios días, y lo disfrutamos. Nos seguimos, nos importa el otro, estamos pendientes. Yo me quedo hasta las 2 o 3 de la mañana para verlos jugar a Leo y a Rodri [De Paul] en Miami. Están tus amigos y los querés seguir, acompañar y hacés fuerza para que les vaya bien.

-Sos muy cercano con De Paul. Qué apuesta que acaba de hacer dejando Europa para irse a Miami…

-Rodri es un competidor y va a Miami para marcar una historia en el club, para conseguir títulos y hacer crecer a Inter Miami. Viniendo de él, esa es su obsesión porque conozco cómo piensa. Y cuando se propone algo, lo logra.

-Cierta vez, dijiste: “Scaloni me hizo mejor jugador y mejor persona”. ¿Por qué?

-Él lleva toda una vida en el fútbol, vivió todo lo que hemos o vamos viviendo nosotros. Conoce mucho cada rincón del fútbol, sabe todo, está un pasito adelante. Y con sus consejos, y enseñanzas, ya sean futbolísticas o extrafutbolísticas, te hace crecer. Y no solo como futbolista, es de esos entrenadores que te cambian como persona. Y para bien te cambian. Es muy humano, es muy cercano al jugador, muy sano en este ambiente.

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