Reforma penal juvenil en Diputados, en vivo: se debate el proyecto para bajar la edad de imputabilidad

Karina MileiAlfredo Sábat

Para el núcleo del poder, plantear un matiz o un reparo es un pecado mortal. La discrepancia es directamente rechazada, pero la conversación también. Solo se aceptan dos verbos para pertenecer al oficialismo: acatar y obedecer. Había indicios claros en ese sentido, pero ahora ha sido reconocido de manera explícita y brutal.

La crónica política ha reflejado en estos días una frase reveladora. Le pertenece a la secretaria general de la Presidencia y fue pronunciada, en una reunión informal, ante los diputados libertarios: “A los proyectos del Ejecutivo, primero se los vota y después se los lee”, les dijo, con esa rusticidad que reniega de las sutilezas sin aspirar a ninguna elegancia. El mensaje es humillante para los propios legisladores. Lo que les dice la funcionaria más influyente del Gobierno es: “ustedes no están ahí para leer ni para pensar; mucho menos para opinar. Están para levantar la mano”. Lo más penoso tal vez no sea que se lo digan, sino que ellos aplaudan cuando lo escuchan. Así lo consignan las crónicas que dan cuenta de un encuentro, en un restaurante de sushi de Villa Urquiza, entre la hermana del Presidente y unos 50 integrantes del bloque de diputados de La Libertad Avanza. Ocurrió el martes 3 de febrero y fueron algunos de los propios comensales los que revelaron los detalles. Nadie del gobierno esbozó una desmentida.

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