China y Javier MileiAlfredo Sábat
Mientras Donald Trump aterrizaba con pompa en Pekín para lo que ya se anunciaba como una visita histórica —la primera de un presidente norteamericano en años, con una agenda cargada de tensiones comerciales y marcada por una silenciosa reconfiguración del orden global—, en Washington, Santiago Caputo mantenía una serie de reuniones reservadas en las que funcionarios y legisladores norteamericanos le transmitieron, sin rodeos, su preocupación por la posible penetración de capitales chinos en sectores estratégicos de la Argentina. Entre ellos, el más sensible: la licitación de la Hidrovía.
Fueron reuniones que formaron parte de una agenda paralela, a las que Caputo asistió junto al lobbista norteamericano Barry Bennett, socio en la firma Tactic Global, del argentino Leonardo Scaturice, el presunto exagente de inteligencia que hoy es dueño de Flybondi y de OCA. También estuvieron presentes el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, y Manuel Vidal, mano derecha del asesor presidencial. Caputo fue citado primero por Brian Mast, representante republicano por Florida y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. Hubo otra reunión con un peso pesado de la administración Trump: Michael Jensen, asesor especial del presidente norteamericano sobre Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional.
